Debates feministas

Entrevista a Silvia Lipa y Raquel Gutiérrez
 Reivindicar la sabiduría femenina para transformar el mundo
Nelsy Lizarazo 

Martes 18 de junio de 2013
  

En el marco del Foro Internacional Feminismos Populares, Modelo Económico y Extractivismo, organizado en la ciudad de Quito por la Fundación Rosa Luxemburg. Un espacio de encuentro, debate y reflexión entre mujeres feministas y luchadoras populares. Pressenza-Ecuador ha tenido la oportunidad de dialogar con Silvia Lipa, mujer indígena y miembro de la Central de Mujeres Indígenas del Norte La Paz. y con Raquel Gutiérrez, activista, académica y feminista mexicana.
Silvia Lipa: “Nosotras podemos decir lo que realmente está pasando”

Silvia es boliviana, de la región amazónica del Norte La Paz. De un modo suave y directo comentó que para ella venir al evento y encontrarse con “lo que dicen que es feminismo”, le resultó difícil. Como mujer de pueblos indígenas está arraigada a los usos y costumbres y desde allí, entender y aceptar el término mismo, es difícil. Sin embargo, dice, ha llegado a la conclusión de que están peleando por lo mismo: por las reivindicaciones de las mujeres. En nuestro mundo indígena no lo llamamos feminismo pero estamos luchando en ese entorno indígena también machista, patriarcal y colonial. A veces no entiendo nada, dice Silvia, pero se que son las mismas luchas, aunque para las mujeres indígenas, la lucha es doble.

P: ¿Cuáles son esas luchas?

S: Queremos la autonomía de nuestros pueblos. Que no se nos imponga lo que tenemos que hacer como mujeres y menos aún que servimos solo para la reproducción. Queremos dejar de estar cansadas y solo seguir pariendo, queremos aprender a cuidarnos. Nos hemos organizado siempre por una necesidad como mujeres, para tener un espacio y conquistarlo. Para nosotras todo es difícil Cuando el hombre nace ya tiene su espacio, ahí está. A nosotras nos toca pelearnos, pelear incluso el derecho a una maternidad segura, a decidir si queremos o no ser madres, a opinar y participar en las asambleas, porque siempre tenemos que cargar con los usos y costumbres.

P: ¿Y en cuanto a los espacios políticos institucionales?

S: Queremos tener una verdadera representatividad dentro de un municipio, en los espacios políticos de poder y decisión. En Bolivia hoy hay muchas leyes que favorecen a la mujer pero son cortinas, pura apariencia. Siempre vamos como suplentes y cuando queremos ejercer inventan pretextos o amenazan y acosas políticamente. Para las próximas elecciones queremos entrar como titulares, no como suplentes. No queremos que se nos use como pantalla para que ellos sigan decidiendo.

P: ¿ Qué piensas sobre la relación de las luchas populares femeninas, el extractivismo y el modelo económico, temas de de este Foro?

S: Hablando de megaproyectos, que son los que están en marcha en nuestro territorio, las mujeres siempre nos damos cuenta primero y ponemos resistencia.

Mi sector es minero, las consecuencias para el medio ambiente, la contaminación, la corrupción, los efectos en la dispersión familiar, en las dinámicas comunitarias, son terribles. Llega gente extraña y la vida comunitaria se limita. Es una invasión a nuestra vida, a nuestra cultura y es un peligro para nuestros hijos. Ya no podemos ir a lavar la ropa a los ríos porque están contaminados. Y el río es el lugar donde las mujeres nos encontramos y conversamos. Ya no podemos ir, dice Silvia.

Afirma que nada de esto se visibiliza y con mucho énfasis afirma también “nosotras las mujeres podemos hablar y escribir sobre esto, no permitir que sean ellos y siempre den su versión. Nosotras podemos decir lo que realmente está pasando”
Raquel Gutiérrez: “Es necesario nombrar al mundo como lo vemos”

Raquel es mexicana. Poblana para más señas y profesora-investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla. Comenta la importancia que tiene el hecho de que el Foro Internacional se haya planteado en términos de encuentro de feminismos populares, porque de entrada plantea la pregunta sobre qué es un feminismo popular. Es un encuentro planteado en términos de pregunta y esto es un acierto, dice Raquel.

P: Desde lo que se está compartiendo en el Foro ¿cuáles son los nuevos modos del feminismo en el continente?

R: El feminismo potente de los años sesenta y setenta quedó capturado durante los años neoliberales en la agenda de la equidad y la igualación de derechos, en el horizonte de la igualdad y, desde mi lectura, está agotado. Solamente tiene camino si nos inscribimos en un dispositivo ciudadano que nos mide con el rasero de una masculinidad dominante y desconoce todo lo demás o lo pone como agregación.

Entonces eso es lo que hemos estado discutiendo porque en América Latina hay una enorme cantidad de mujeres cuya masiva presencia en cada lucha, en cada intento de creación de algo nuevo, en cada defensa frente al despojo, está ampliamente identificada y documentada. Mujeres que protegen lo común, que mantienen visiones que garantizan mínimamente la reproducción de la vida y que, de una manera abigarrada y heterogénea, van tratando de protegerse de este extractivismo desarrollista y arrollador que nos están tratando de imponer sin diferencia en la gran mayoría de países, incluyendo el país en el que estamos.

Lo que hemos estado haciendo es un diálogo entre mujeres luchadoras y feministas de distintos orígenes y experiencias, tratando de ver qué podemos rescatar del naufragio del “género tecnocrático” que ahora ya no sirve para nada y cómo podemos articular una voz común con una líneas que nos permitan sintonizarnos.

P: ¿Cuál es la diferencia entre este momento histórico y otros, anteriores, considerando que las luchas de las mujeres de los sectores populares tienen una larga historia en América Latina, así como el extractivismo?

Hay una manera nueva y específica.. Creo que las mujeres, en las luchas anteriores, no han logrado tener protagonismo. Han tenido participación masiva y han hecho cosas decisivas pero protagonismo, entendido como el ejercicio de su propia voz, la discusión abierta de los documentos, la disputa por participar de modo determinante en las decisiones, no se había dado. No había autoridad femenina. Se ha ido construyendo.

P: ¿Cuál es la razón de esta nueva construcción?

S: La construcción de protagonismo y autoridad femenina popular pasa por la ruptura de la mediación que situaba a las mujeres populares como meros objetos de asistencia y enseñanza que es, insisto, una de las cosas que pasan cuando el feminismo pierde sus aristas más filosas, como el hecho de ser una lucha múltiple contra diferentes modos de dominio.

El horizonte de la igualdad era uno de los horizontes feministas, pero no el único. Conocimos la tensión entre las luchas feministas y las luchas populares o de izquierda. Esa historia de “matrimonio mal avenido”. Sin embargo, lo que ha tratado de hacer este encuentro es generar un lugar donde podemos dialogar feministas y luchadoras, intentar producir un momento de autoafirmación de mujeres luchadoras de nuevas generaciones que disputan protagonismo y a veces no tienen todas las herramientas para hacerlo.

Mi punto de vista particular es que es muy importante la cuestión de cómo nombramos el mundo, nombrarlo como lo vemos, descentrar el discursos que una y otra vez trata de capturar la palabra de las rebeldes. Nos interesa marcar los cómos y los qué de las luchas contemporáneas desde nosotras, pero no solo para nosotras, sino para todos. Es indispensable la reivindicación de la sabiduría femenina para transformar el mundo, la relación entre humanos y del humano con el cosmos.

P: ¿En confrontación con la matriz extractivista?

R: Si, porque está centrada en la acumulación de capital y en la concentración de la decisión en un Estado que monopoliza la prerrogativa de la decisión sobre lo público y lo común, en varones.

El desarrollo moderno del capital genera un tipo de masculinidad dominante que se condice con un modo de ejercicio del mando y de organización de lo económico bajo un patrón de acumulación de capital. Eso está pasando, con un barniz que lo pinta de colorcitos e incluso con mujeres administrando este modo de ejercer el mando.

Esta forma de Estado que no acaba de cambiar, que vuelve a expropiar a la sociedad y a ligarse con la acumulación de capital. Eso no genera paz. Es un tipo de masculinidad dominante. Extractivismo y patriarcado tienen una liga simbiótica. No son lo mismo, pero no puede ir el uno sin el otro.

P: ¿Y cuáles son algunos de esos nuevos términos?

R: Un aspecto que está en discusión y es muy interesante . El juego argumental de este extractivismo masculinizante parecer ser así: necesito ser extractivista porque necesito erario público, ampliación del dinero fiscal, yo controlo esa bolsa de dinero y yo redistribuyo. Ese es el argumento. Entonces todas las políticas se miden en ese “tono de voz”. Y cada vez que hay una impugnación se vuelve a plantear lo mismo como una especie de límite a lo que puede ser dicho.

Si nosotros notamos que esta es una forma arbitraria impuesta por el extractivismo masculino, aperturemos la pregunta sobre cómo queremos vivir y hagamos además nuevas preguntas. Por ejemplo, ¿en qué queremos gastar esa bolsa? ¿necesitamos una bolsa tan grande?, ¿el único modo de llenar la bolsa es ese? ¿ tienes que decidir tu solito, poder masculino concentrado? ¿conviene que decidas tu solito?

Si lo pensamos así podemos empezar a destrabar cierta discusión sobre democratización de temas públicos. No comprar los términos del juego dado, sentir en común , entre todas, incluso con lealtades a los proceso en marcha, pero no podemos comprarnos los términos en los que quieren situar las discusiones. Hay que construir otros lugares de enunciación. Es fundamental establecer términos nuevos de enunciación-.

 P: La distinción entre el común y lo público ¿puede ser un ejemplo de esos nuevos términos, ese nuevo lugar de enunciación?

S: Desde mi punto de vista, sí. Lo público es una mediación. Es la mediación estatal de lo común. Lo común existe desde siempre, existía desde antes del Estado. Lo común se regenera una y otra vez. Es parte de la manera como podemos habitar el planeta. Hay una deformación de lo común que en la modernidad se llamó lo público. Hemos dado una disputa por lo público que ha sido importante y conveniente, hay una serie de derechos que queremos seguir exigiendo, pero es o no es lo único queremos.

11/6/2013


http://www.pressenza.com/es/2013/06...?

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Francia:Manifiesto feminista contra el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de la UE

Clémentine AUTAIN y mas firmas

Jueves 20 de septiembre de 2012


El Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (TECG) de la zona euro, conocido como Pacto presupuestario, será votado en el Parlamento en octubre de 2012. Este pacto, que endurece las condiciones para la elaboración de los presupuestos públicos de los Estados, supone un paso más en la imposición de una austeridad permanente. Austeridad que, como lo muestran los planes aplicados hasta ahora en los países europeos, ha tenido consecuencias muy negativas para la mayoría de la población, especialmente para los sectores más precarios, e incrementa las desigualdades.

La austeridad no sólo es socialmente inaceptable sino que tampoco permite salir de la crisis: las rentas salariales y el consumo se estancan o bajan; igualmente se reducen las inversiones empresariales; la actividad económica se ralentiza y, consiguientemente, se reduce la recaudación fiscal, añadiendo dificultades suplementarias a la hora de disminuir el déficit público. Es decir, sus efectos son los opuestos a los objetivos que se pretenden conseguir. A causa de ello, los Estados se ven obligados a solicitar préstamos en los mercados financieros, lo que incrementa su endeudamiento y permite a esos mercados exigir nuevas vueltas de tuerca. Esta situación, que no es ineluctable, es producto de las opciones políticas que se hacen ante los mercados financieros, ofreciéndoles una renta vitalicia y un poder exorbitante, y puede y debe ser cambiada.

Por otra parte, el Pacto presupuestario establece un control previo de la Comisión Europea sobre los presupuestos públicos, y sanciones en caso de que no se respeten las normas establecidas. Normas que, lejos de cuestionar el dictado de las finanzas, tiene por objetivo "tranquilizar los mercados financieros". De ese modo, el Pacto culmina la construcción neoliberal de Europa y constituye una amenaza para la democracia y para los derechos de los pueblos. Su ratificación por el Parlamento daría lugar a una regresión social sin precedentes.

Como demuestran numerosos informes, aún cuando las medidas de austeridad afecten a todos los sectores populares, las mujeres las sufren más duramente a causa de los recortes en los servicios públicos y la protección social. De entrada, porque constituyen la gran mayoría de la gente precaria; pasan más tiempo en empleos precarios y en el desempleo. En segundo lugar, en tanto que principales responsables de la familia, son las primeras usuarias de esos servicios sociales, las principales beneficiarias de los subsidios sociales y familiares. Debido a su retroceso y al desmantelamiento progresivo del Estado de Bienestar, las mujeres se ven obligadas a asumir todas las actividades que no asume la colectividad; su trabajo (invisible) en la esfera privada aumenta, su rol tradicional en la familia se refuerza en detrimento de su trabajo remunerado, de su autonomía e incluso de su salud.

Igualmente, las mujeres son las primeras afectadas por la reducción del personal y de los salarios en el sector público, dado que constituyen la mayoría del mismo. También son las primeras afectadas por las "reformas" de las pensiones que se han aplicado en el marco de las restricciones presupuestarias. Los derechos de las mujeres se encuentran amenazados y retroceden cuando los recortes afectan a los servicios de salud sexual y reproductiva, a las subvenciones a los organismos que luchan contra la violencia contra la mujer e, incuso, cuando muchas maternidades y centros para abortar se cierran, como está ocurriendo en Francia.

Precisamente cuando para responder a las necesidades sociales y medioambientales y para reducir las desigualdades se precisan inversiones públicas masivas en materia de protección social, de servicios públicos y de empleo, el Pacto presupuestario impone una restricción permanente de los presupuestos públicos, impidiendo el desarrollo social.

Cuando las desigualdades entre las mujeres y hombres son más inaceptables que nunca y es urgente crear un servicio público de guarderías y servicios de ayuda a la dependencia, reforzar los medios humanos y materiales de los servicios sociales y de salud, este Pacto, en la medida que pone veto a estas políticas e institucionaliza la austeridad, agrava la desigualdad entre los sexos.

Rechazamos el Pacto presupuestario que condena nuestro porvenir y sacrifica la democracia y el bienestar de la mayoría de la población a las exigencias de los mercados financieros.

Llamamos a construir resistencias y alternativas a la austeridad en Francia y en Europa. Llamamos a impulsar las alternativas feministas para otra Europa.

Llamamos a la manifestación unitaria del 30 de setiembre, organizada por numerosas asociaciones, sindicatos, partidos y colectivos, a favor de una auditoría ciudadana contra el Pacto presupuestario, contra la austeridad y por un debate democrático.

Primeras firmantes:

Clémentine AUTAIN (directora de Regards), Ana AZARIA (presidenta de Femmes égalité), Martine BASSET (CGT), Francine BAVAY (consejera regional, EELV), Delphine BEAUVOIS (secretaria nacional del PG), Fatima-Ezzahra BENOMAR (Les efFRONTé-es), Martine BILLARD (copresidenta del PG), Catherine BLOCH LONDON (Attac, CNDF), Nicole BORVO (senadora, PCF), Thalia BRETON (portavoz de Osez le féminisme), Mireille BRUYÈRE (Économistes atterrés), Marie Georges BUFFET (diputada, PCF), Danielle CARASCO (Planing familiar 69), Marie CERVETI (FIT), Leila CHAIBI (La Pelle et la Pioche), Laurence COHEN (senadora, PCF), Annick COUPÉ (portavoz de Union syndicale Solidaires), Sandra DEMARCQ (NPA), Monique DENTAL (Red feminista “Ruptures”), Michèle ERNIS (Gauche unitaire), Gwenaëlle FERRE (Collectif féminin masculin), Mireille FERRI (EELV), Jocelyne FILDARD (CLF), Pascal FRANCHET (CADTM), Elisabeth GAUTHIER (Espaces Marx /Transform! Europe), Bénédicte GOUSSAULT (FASE), Magali de HAAS (portaoz de Osez le féminisme), Lilian HALLS-FRENCH (Initiative Féministe Européenne IFE-EFI), Chantal HERSEMEULE (SOS Femmes accueil 72), Esther JEFFERS (Économistes atterrés), Véronique LAMY (portavoz del PCOF), Catherine LEBRUN (portavoz de Union syndicale Solidaires), Anne LECLERC (Gauche anticapitaliste), Nelly MARTIN (MMF), Christiane MARTY (Attac, Fondation Copernic), Caroline MECARY (copresidente de Fondation Copernic), Muriel NAESSENS (Féminisme enjeux), Christine POUPIN (NPA), Roselyne ROLLIER (Maison des femmes de Montreuil), Suzy ROTJMAN (CNDF), Laurence SAUVAGE (secretaria nacional del PG), Maya SURDUTS (CNDF, CADAC), Michèle RIOT-SARCEY (historiadora), Nora TENENBAUM (CADAC), Stéphanie TREILLET (Convergences et alternative), Marie-Pierre TOUBHANS (portavoz de Gauche unitaire), Aurélie TROUVÉ (copresidenta de Attac), Marlène TUININGA (Ligue internationale des Femmes pour la Paix et la Liberté, WILPF), Moruni TURLOT (Lesbiennes Of Color), Sophie ZAFARI (sindicalista, FSU), Henriette ZOUGHEBI (vicepresidenta del Conseil Régional IDF)

13 septembre 2012
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Un siglo de luchas_
Mujeres que soñaban con su emancipación


Judith Orr (Socialist Review, Reino Unido) entrevista a Sheila Rowbothan 

Jueves 2 de agosto de 2012

Traducido por Viento Sur.

Una nueva generación está tomando el relevo en la lucha contra la opresión de las mujeres. Judith Orr entrevista a Sheila Rowbotham sobre su último libro a propósito de 100 años de lucha de las mujeres por su emancipación.



Judith Orr: Su nuevo libro, Dreamers of a New Day, está centrado en el siglo pasado, ¿Qué te motivó a escribir sobre este periodo?

Sheila Rowbotham- Este libro tiene una historia bastante larga. Cuando estaba escribiendo Century of Women trabajé y realicé un resumen sobre diferentes aspectos relacionados con la política y el trabajo de las mujeres durante ese período; sólo que el material que acumulé exigía una investigación má precisa que superaba los límites de aquel libro.

Al principio me llamó mucho la atención el hecho de que las mujeres no sólo se planteaban transformar el trabajo de las mujeres sino también cambiar la producción. Esto me interesó. Luego pensé que no podía limitarme a hablar sólo del trabajo porque si se habla de las mujeres y el trabajo hay que hablar, también, del cuidado de los niños y de las tareas domésticas. Así que empecé a ampliar mi investigación hacia las facetas más personales para encontrar un sentido al modo de vida que se planteaban aquellas mujeres y sus diferentes actitudes hacia la sexualidad.

J. O. : Ha dicho que, sobre todo, quería contar historias de mujeres negras y trabajadoras.

S. R. :La gente interesada en la historia de las mujeres conoce a las grandes figuras; sobre todo a las que escribieron libros. Pero hubo mujeres que no escribieron libros sino artículos en la prensa. Entre ellas algunas mujeres obreras con conciencia política. Yo quería hablar de ellas. También existen mujeres afro-americanas bastante conocidas, pero yo quería incluir a gente menos conocida que sólo es citada de paso en otros libros.

Existían vínculos muy fuertes entre las estadounidenses y las británicas. La gente de hoy cuando piensa en vínculos internacionales piensa en Internet, pero aquellas mujeres se comunicaban a través de cartas, intercambiando revistas, leyendo los libros que escribían unas y otras y viajando. Es evidente que las mujeres de clase media podían viajar más, pero algunas mujeres obreras también viajaron como delegas de sindicatos; por ejemplo, un grupo de estas viajó a Bélgica para informarse sobre las clínicas materno-infantiles.

Las mujeres eran conscientes de la importancia de estos vínculos internacionales y perpetuaban los lazos a través de los viajes. Un ejemplo que no he incluido en el libro es el de Jane Adams, la mujer que fundó el centro de acogida para inmigrantes (Hull House) de Chicago. Es conocido que ella se inspiró en el Tynbee Hall (centro de atención para pobres) situado el Este de Londres que visitó cuando viajó a Gran Bretaña. En sus cartas posteriores escribió sobre reuniones de sindicalistas hacían la huelga de estibadores -corrían los años 80 del siglo XIX y conoció a Tom Mann. La gente veía a Jane Adams y su filantrópico trabajo social al margen del movimiento obrero británico, pero ella mantuvo reuniones con representantes de la sociedad Fabiana y con miembros de los sindicatos británicos. Estos vínculos eran realmente extraordinarios.

J. O. : Todo ello da una idea del filón que supuso aquella época en términos de actividad política, de ideas y de debates.

S. R. :Sí, aquellas mujeres eran capaces de enfrentarse a lo que fuera. Algunas querían humanizar el capitalismo y lucharon por introducir diseños ergonómicos en la industria o reducir las horas de trabajo. Otras, las anarquistas, se oponían totalmente al sistema y que no querían saber nada de lo que tuviera que ver con él; también estaban las trabajadoras que luchaban por la jornada laboral de 8 horas.

J. O. : También escribe acerca de las contradicciones a las que tenían que hacer frente las mujeres obreras negras, especialmente en lo que respecta a su liberación sexual, donde su vigorosa sexualidad corresponderse con los prejuicios estereotipados en lugar de combatirlos.

S. R. :Sí, creo que realmente era una contradicción para aquellas mujeres. Hubo pocas mujeres negras que se plantearan cuestiones en torno a la sexualidad. Por ejemplo, hubo una que formó parte del grupo Heterodoxy en Greenwich Village. Pero para las mujeres jóvenes emancipadas de los años 20 la situación era penosa y muy complicada. En esos años hubo una idealización de todo lo que se consideraba "primitivo" y fueron presas de ese estereotipo. Aunque se trataba de verdaderas intelectuales, fueron encasilladas en él porque eran negras.

J. O. : Lo que resulta fascinante es que muchos de los temas que abordaron aquellas mujeres continúan siendo actuales: cambiar las mentalidades o cambiar la sociedad, cómo compatibilizar la vida laboral con la vida familiar, etc.

S. R. :Estoy convencida de que la gente que conozca esta historia se dará cuenta de la cantidad de temas que ya fueron tratados en aquella época. Por ejemplo, las mujeres Fabiana ya debatieron sobre la familia y el trabajo incluso antes de la Primera Guerra Mundial, si bien para las mujeres de la clase media británica de los años 20 la situación no era tan dura porque contaban con servicio doméstico.. En los EEUU, donde resultaba más complicado disponer de servicio doméstico, el impulso por reorganizar el trabajo doméstico fue mayor.

J. O. : ¿Qué tiene que ver todo esto con la familia actual?

S. R. :Yo diría que el colapso llega cuando se tienen niños , y creo que, también, cuando hay que cuidar a personas mayores. La presión sobre las mujeres para que abandonen su actividad laboral y se dediquen a esas tareas continúa siendo mucho más fuerte que sobre los hombres. Cierto que no es así para todo el mundo, porque no todas las mujeres pueden abandonar su trabajo, pero la presión sigue existiendo. El problema de cómo compatibilizar la conservación del empleo y la educación de los niños es difícil. Porque la posibilidad de poder vivir trabajando a tiempo parcial es muy pequeña. Hoy en día, si no tienes un trabajo a tiempo completo tu nivel de vida se reduce mucho. Aquellas ya comenzaron a tratar este dilema: cómo compatibilizar el trabajo y la maternidad..

Partían de la profunda convicción de que la responsabilidad del cuidado de los hijos no correspondía sólo a las madres. Incluso en aquella época, los albores del siglo XX, algunas mujeres ya plantearon que los padres debían de involucrarse en esa tarea. Incluso plantearon que la misma era una responsabilidad del conjunto de la sociedad. Es curioso, porque en lo que respecta a la educación, la gente acepta que sería muy raro que alguien que no tuviera hijos dijera: "No tengo hijos, por lo tanto no pago impuesto". En la época thatcheriana hubo una gran ofensiva para afirmar que los hijos, de no importa qué edad, eran responsabilidad de cada cual y no una responsabilidad social. Si las mujeres no tuvieran hijos, cuando la población envejeciera no habría nadie para trabajar.

J. O. : Cita a Charlotte Perkins Gilman cuando dice que para las mujeres el vestido actúa como una "piel social", una descripción brillante de cómo la ropa puede ser un factor significativo en la vida de las mujeres. Describe también el impacto de llevar pantalones que permitió a las mujeres andar en bicicleta. Esa obsesión en torno a la apariencia de las mujeres continúa en la actualidad.

S. R. : No se trataba tanto de enfatizar sobre la forma en la que se representaba el cuerpo en aquella época, sino de la conciencia que tenían de que las mujeres estaban obligadas a vestir ropa que les impedía moverse. Hubo diferentes reacciones: algunas decían que lo que había que hacer era pasar del tema, otras no se preocupan por su apariencia y otras reclamaban una vestimenta racional. También había quien encontraba todo esto bastante severo y tenía una idea romántica en torno a crear una imagen más natural. Por ejemplo, en los años 20 hubo gente que realizaba exhibiciones de baile libre con túnicas griegas.

Después hubo mujeres que creían que para enfatizar el cambio de la posición de las mujeres, lo que había que hacer era portar sombreros muy elegantes y vestían ropa muy convencional. Así pues, hubo toda una serie de puntos de vista diferentes sobre cómo abordar la imagen de las mujeres. La apariencia constituyó siempre un elemento importante, fuera cual fuera la estrategia adoptada.

Para muchas mujeres de la clase trabajadora la ropa elegante era un símbolo de orgullo. Entre ellas se encontraban las operadores de teléfono en los EEUU; mujeres jóvenes, muy militantes, con buenos salarios. En una ocasión formaron parte de un piquete para impedir la entrada de esquiroles en un hotel de lujo, con vestidos llamativos. También recuerdo que en la huelga de tipógrafos en Gran Bretaña, las mujeres de las comunidades mineras se horrorizaron al ver que las mujeres (las feministas) que apoyaban a los tipógrafos portaban grandes tacones. ¡Las mujeres de las comunidades mineras con toda una experiencia piquetera afirmaban que las otras portaban una indumentaria equivocada!

J. O. : Parece que algunos estereotipos no han cambiado. El libro relata la historia de las mujeres de hace un siglo que, como rebeldes, se quejan de ser retratadas como "asexuadas y trastornadas". ¿Cree que para las jóvenes de hoy el feminismo tiene aún esas connotaciones?

S. R. : Me acuerdo de la época en la que estaba en la universidad. Antes de que existiera un movimiento de mujeres teníamos un estereotipo completamente hostil sobre las feministas. Por supuesto que no sabíamos nada de lo que las feministas pensaban en torno a su emancipación. Nunca imaginé que pudiera haber personas haciendo campañas a favor del control de la natalidad, sobre la sexualidad o planteando que los bebés se podían cuidar de otra manera. Desconocía absolutamente que pudiera existir algún interés en preocuparse por cómo vivir la vida.

J. O. : Su libro ha sido publicado justo cuanto renace el interés por la liberación de las mujeres y contra los estereotipos sexistas. ¿Cuál es su experiencia sobre lo que se conoce como el "nuevo feminismo"?

S. R. : Cuando estaba escribiendo el libro sentí como si el interés por el feminismo hubiera caído en picado, así que no podía saber si el libro tendría un gran eco, pero siempre tuve la esperanza que las generaciones futuras podrían interesarse en él.

Hace dos años me día cuenta que entre mi alumnado, mayoritariamente femenino en torno a los veinte años, había de nuevo interés por hablar sobre el feminismo. Unos años antes, si bien esta gente estaba interesadas en las cuestiones de género en relación a otros temas, no podría decir que eran feministas. La gente se identifica con el feminismo lo hace de forma muy conscientemente.

J. O. : Un ejemplo de este interés es Mujeres, la serie de tres documentales emitidos el mes pasado por la BBC-Four . Meacuerdo cuando usted dijo lo mucho que le encantaba ir a las manifestaciones y Germine Greer dijo que ella ¡las odiaba"!

S. R. : Cuando descubrí este tipo de mujeres anarquistas individualistas en los EEUU me pareció que el radicalismo de Germaine es algo más que radicalismo; que es una desconfianza dura, tenaz, hacia la política. La situación ideal es cuando las personas individuales pueden trabajar en armonía en un grupo que actúa de forma común y cooperativa.

Es en esos momentos cuando me he sentido muy feliz, cuando las personas individualmente deciden de forma consciente ir a una manifestación porque es algo en lo que creen y a través de la manifestación consiguen conectar con otros que piensan lo mismo. No se trata de supeditarse a un propósito colectivo de forma autoritaria, sino de tener la capacidad de moverse entre la decisión individual y la actividad solidaria con otra gente.

Me acuerdo de la primera Conferencia por la Liberación de las Mujeres en Ruskin. Acudieron cerca de 500 personas, algo totalmente inesperado, sorprendente. De repente descubrimos que éramos algo más que pequeños grupitos, que éramos unos cuentos cientos. Al año siguiente organizamos un marcha y estuvimos miles.

Siempre constituye un misterio saber por qué el movimiento tiene estos flujos. Por mucho que se estudie la historia y se trate de entender los movimientos sociales, siempre es difícil de conseguir ver por qué unas pequeñas redes de activistas, súbitamente, pueden convertirse en algo grande.

J. O. : Una pregunta que no fue planteada en el documental fue el de las clases sociales; no hubo debate sobre el impacto de los conflictos de clase en su estudio sobre la opresión de las mujeres.

S. R. : Existe una verdadera dificultad porque el tema de clases es un tema tabú. La gente no quiere hablar de clases sociales. Es un tema que se ignora justo cuando las desigualdades han aumentado como nunca desde 1979. Creo que las posibilidades de la liberación de las mujeres son mejores en una sociedad igualitaria que ponga el acento en el trabajo cooperativo y en la previsión social. Este tipo de sociedad no supone ninguna garantía para la libertad y la emancipación de las mujeres pero, ciertamente, nos sitúa en un contexto mejor para trabajar que una sociedad basada en las desigualdades y en el marcado y la competencia.

Algunas mujeres fueron capaces de mejorar un poco su situación en la década de los 80 porque accedieron a puestos de trabajo en mandos intermedios en el sector de servicios y venta al por menor; es decir, hubo posibilidades de mejora para las mujeres dentro del capitalismo. Pero para las mujeres que trabajaban en los servicios sociales, la situación fue de mal en peor y vieron como cómo se degradaba su situación y se reducían sus salarios.

J. O. : ¿Cual es el legado de aquellas soñadoras de hace 100 años?

S. R. : Hay varios legados. Las mujeres mas individualistas tuvieron la voluntad de desafiar los convencionalismos y las mujeres que luchaban por una sociedad más justa tenían una visión más social.

Por ejemplo, había gente que decía que la maternidad no era sólo responsabilidad de las madres, que era importante que la sociedad asumiera la responsabilidad del cuidado de los niños. A partir de ahí se llega a una visión de la sociedad basada en las necesidades humanas. Por lo tanto en la critica de género sobre la organización cotidiana de la vida existía un cuestionamiento económico profundo.

Aportaron una energía asombrosa y la convicción de que era posible cambiar la sociedad. Las americanas en particular, escribieron novelas utópicas; eran muy capaces para imaginar todo tipo de cosas. Espero que las mujeres jóvenes comiencen a hacerlo de nuevo, porque creo que el cambio en la vida de las mujeres no sólo afecta a los hombres sino al conjunto de la organización del trabajo y del consumo. Cuando se empieza a poner en cuestión cuestiones simples como la forma en la que están representadas las mujeres, el cambio social es mucho más profundo de lo que la gente cree.

15/04/ 2010

http://www.socialistreview.org.uk/i...

Sheila Rowbotham es Honorary Research Fellow in Sociology en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Manchester y profesora invitada en la Escuela de Sociología, Política y Estudios Internacionales de la Universidad de Bristol. Tambien pertenece a la Royal Society of Arts
El libro de Sheila Rowbotham, Dreamers of a New Day: Women Who Invented the Twentieth Century  ha sido publicado por Verso (http://www.versobooks.com)



Feminismo y marxismo

El patriarcado reinventa “tradiciones culturales” y la violencia sexual.

Rosalinda Hernández Alarcón
 
La académica Rosa Cobo hizo varias presentaciones esta semana en Guatemala, las cuales sin duda contribuyen al análisis de los sistemas de dominio en momentos en que se registra un claro retroceso en la vigencia de los derechos humanos de las mujeres. Ella recurre a la teoría feminista y al marxismo, además incluye en sus reflexiones las culturas.

Como feminista analiza las prácticas patriarcales y las políticas neoliberales que están generando nuevas formas de violencia contra las mujeres, mayor precarización en el mercado laboral y sobrecarga de tareas para ellas. Ella defiende un marco interpretativo que incluye nuevos fenómenos sociales, entre ellos maquilas, prostitución, migraciones, economía criminal, sacralización del mercado.

 Al participar en un curso que Rosa Cobo impartió como parte del Programa de Estudios de Género y Feminismos, tuve la oportunidad de escucharle un recuento histórico interesante, que sistematiza el tránsito del capitalismo al neoliberalismo, sistema que anula las políticas de distribución, disminuye salarios, naturaliza y legitima la desigualdad, recorta presupuestos para el bienestar social y, especialmente, aplica “mandatos patriarcales” que invisibilizan el trabajo gratuito de las mujeres. Si se analiza la realidad guatemalteca, existen sin duda efectos distintos si se comparan con países europeos o africanos, pero ella bien resalta que existe una lógica común que obliga a las mujeres a trabajar más y se profundizan las desigualdades de género.

 Mediante el análisis crítico que aplica la profesora española, señala las tensiones económicas y culturales que viven las mujeres. Ubica de manera certera aquellas prácticas culturales del patriarcado y del neoliberalismo que afectan el tejido social, colocan a las mujeres como objetos de transacción entre los hombres y reafirman la supremacía masculina y la subalternidad femenina.


Cuando ella se refiere a los eufemismos que actualmente se utilizan, de inmediato pienso en funcionarios públicos y empresarios guatemaltecos que abogan por la aplicación de la ley, y ello se traduce en reprimir protestas sociales y deslegitimar a quienes sean sus opositores; en representantes de iglesias que, al defender la vida, aseguran que cuidar a la familia es una obligación de las mujeres o condenan el uso de anticonceptivos; en industriales de “belleza” que mercantilizan el cuerpo de las mujeres.

Cabe resaltar que la profesora Cobo sugiere al movimiento feminista analizar su papel, identificando las nuevas estructuras del patriarcado, buscando pactos políticos entre mujeres para conquistar espacios de libertad, autonomía e igualdad; llama a hacer “una épica de nuestra historia, ya que sin pasado no hay alternativa a futuro”.


Aviso: Hoy, a las seis de la tarde, en Filgua, Lizeth Jiménez Chacón y Andrea Carrillo Samayoa presentarán el libro Nosotras, las de la Historia. Mujeres en Guatemala (siglos XIX y XXI), en el salón Título de Totonicapán.28 de julio 2012





Día de la Mujer Afrodescendiente
 por Esther Pineda G
 Jueves, 26 de Julio de 2012 04:53

 No existe un solo modelo de mujer, coexisten una infinidad de modos de ser mujer, de ejercer la feminidad, y por tanto diversas formas de feminismo 

Socióloga Esther Pineda G.

estherpinedag@gmail.com

No existe un solo modelo de mujer, coexisten una infinidad de modos de ser mujer, de ejercer la feminidad, y por tanto diversas formas de feminismo, es por ello que hoy se hace necesario visibilizar las experiencias de las mujeres afrodescendientes, sus especificidades, aquellas que nadie o muy pocos y pocas han contado, ni el feminismo ni los movimientos en afro-resistencia. Pues como afirma Bell Hooks:

El feminismo nunca ha surgido de las mujeres que de forma más directa son víctimas de la opresión sexista; mujeres a las que se golpea a diario, mental, física y espiritualmente; mujeres sin la fuerza necesaria para cambiar sus condiciones de vida. Son una mayoría silenciosa. (2004: 35)

No obstante, ésta mayoría silenciosa, históricamente ha reclamado y reclaman a gritos desde sus gargantas sin voz la consideración de sus experiencias, distintas a las de la generalidad de las mujeres, y cuya lucha ha quedado absorbida por estos movimientos, en los cuales ha participado en pro de la superación de sus estados de opresión sin verse ella emancipada.

Pero algunos ideólogos intentarán justificar este fenómeno arguyendo que: “el sufrimiento de las mujeres bajo la tiranía sexista es un vínculo común entre todas las mujeres que trasciende las particularidades que las diferentes formas de tiranía adoptan” (…) por lo cual, “el sufrimiento no puede ser medido ni comparado”. (Fritz, citado en Hooks, 2004: 36)

Contrario a ello, la experiencia histórica afirma que el sufrimiento, la opresión y la desigualdad si ha de experimentarse de diversas formas, distinguiéndose, profundizándose y/o agravándose por la pertenencia del o la sujeto a un determinado grupo racial, económico, político, su situación geográfica, como así mismo su preferencia sexo-afectiva.

Hecho es común en una sociedad organizada en torno a criterios de alteridad categórica, donde se define un “otro”, por naturaleza diferente y opuesto, como enemigo a soslayar, pero en el cual la mujer afrodescendiente ha sido excluida del proceso de construcción de un otro frente al cual definirse como opresora/explotadora, “se nos ha negado un <<otro>> al que podamos explotar u oprimir” (Hooks, 2004: 19) producto de su posición en la pirámide social, al encontrarse víctima de una coacción plural la cual solo ella experimenta, al ser interceptada por el racismo, el sexismo, el clasismo, pero también por la homofobia y el esteticismo, en respuesta a los criterios de explotación, exclusión y apropiación propios de la ideología del desprecio, es decir, la ideología capitalista, patriarcal y racista.

De esta manera la mujer afrodescendiente se encuentra a merced de todos y de todas, en un primer lugar a merced del hombre por su sola condición de tal, ya sea del hombre blanco, negro o indígena; en segundo lugar oprimida por el componente de clase, sojuzgada por el hombre y la mujer capitalista, pero también por el hombre blanco proletario, los cuales operan a través del sexismo patriarcal y el clasismo.

En tercer lugar, también expuesta a lo que conocemos como patriarcado negro, los hombres afrodescendientes entran en abierta pugna con los hombres blancos y eurodescendientes, los cuales históricamente han socavado el poder del varón negro mediante la apropiación de sus mujeres, así este hombre tradicionalmente desprovisto de su poder y autoridad, solo puede homologarse al blanco, como así mismo, afirmar su masculinidad y su raza subordinando a la mujer negra.

Finalmente, la mujer afrodescendiente se encuentra también bajo el yugo de la mujer blanca, a la cual se le ha concedido el racismo como elemento sojuzgador; pero también subordinada a ésta como consecuencia de que a la mujer negra se le exige definirse a partir y en relación al prototipo socialmente establecido de la feminidad, así, a la mujer afrodescendiente se le ha separado y despojado de la condición de feminidad, feminidad ajena, pues ha sido definida desde la masculinidad para el ejercicio de la mujer blanca, las mujeres afrodescendientes han estado ausentes de consideración en la configuración de este proceso, por lo cual no encuentra un referente en si misma, sus posibilidades de acenso social, familiar, económico y personal estarán condicionados por su efectiva adecuación a los rasgos físicos, gestuales, actitudinales y comportamentales de la mujer blanca.

Hecho que engendraría el endorracismo, el autodesprecio instigado, o como le llamaría Galeano: el suicidio del alma, al aceptar mirarse a si mismas con los ojos del amo como consecuencia de la presión racista.

Para convertirse en blancas damas de castilla, algunas mujeres indias y negras se untaban el cuerpo entero con un ungüento hecho de raíces de un arbusto llamado guao. La pasta de guao quemaba la piel y la limpiaba, según se decía, del color malo. Un sacrificio en vano: al cabo de los alaridos de dolor y de las llagas y las ampollas, las indias y las negras seguían siendo indias y negras. (Galeano, 1999)

Es por ello que el feminismo tal como lo conocemos, ese feminismo que ha definido como su mayor preocupación la dignificación y autonomización de la mujer burguesa, eurodescendiente y heterosexual, cuya vida “transcurría, entera, en el hogar, y su vida no se concebía con otro sentido posible que la de ser <<para el hombre>>, como novia primero y luego, ya definitivamente, como esposa y madre”. (Aranguren, 1982: 12) se presenta como insuficiente, insuficiente para dar respuesta, explicar y transformar la realidad y  experiencias de las mujeres afrodescendientes, feminismo en el cual las mujeres afrodescendientes, y las afro-sexo diversas han quedado excluidas por el racismo, el clasismo y la homofobia.

Las mujeres afrodescendientes si bien comparten la experiencia del ser mujer, su construcción de la feminidad y los elementos socio-culturales implicados como los roles, la estética, el trabajo, clase social, entre otras, harán referencia a experiencias completamente distintas.

No obstante, no debemos olvidarnos de los movimientos afrodescendientes, los cuales tampoco han dado respuesta a la situación, condición y necesidades de la mujer, se han orientado a la visibilización de la opresión afrodescendiente de forma generalizada, luchando por espacios de poder, consolidándose como una lucha por la afirmación entre hombres, blancos y negros.

Movimientos afrodescendientes que van a caracterizarse por sus dinámicas patriarcales, sexistas y heteronormativizadas, en los cuales la emancipación de la mujer afro se ve impelida por el sexismo y homofobia sedimentada en el seno de estos movimientos.

Si bien, nosotras mujeres, por nuestra condición de tal compartimos nuestra opresión de género, como también hombres y mujeres afrodescendientes somos víctimas del racismo, las formas en que en ambos casos se manifiesta la opresión va a diferenciarse, acentuarse o profundizarse según nuestra condición de hombres y mujeres o nuestra pertenencia a un grupo racial y fenotípico distinto.

Nos encontramos entonces frente a una racialidad masculinizada y frente a una feminidad racista, por lo cual se hace necesaria la deconstrucción positiva de estos movimientos, en pro de una consolidación democratizadora, incluyente y visibilizadora de la diversidad, nos encontramos entonces frente a la necesidad de un feminismo negro, capaz romper con la estructura tradicional, eurocentrizada y heteronormada del feminismo, pero también requerimos la organización de un movimiento afrodescendiente feminista, capaz de trascender el patriarcado negro homofóbico, movimientos en los cuales sea posible la desnaturalización del rechazo, la exclusión y la invisibilización de los individuos fundamentado en criterios racialistas y sexistas, capaz de validarnos, reconocernos y visibilizar nuestras experiencias diferenciadas.

Bibliografía:

Hooks, Bell & otras. (2004) Otras inapropiables. Madrid, Traficantes de Sueños.

Aranguren, José L. (1982) Erotismo y liberación de la mujer. Barcelona, Editorial Ariel.

Galeano, Eduardo. (1999) Espejos blancos. Montevideo. Revista Brecha, número 717.



La Soledad y la Desolación, por Marcela Lagarde


Posted on 2012/07/02 by colectivohipatia | 1 Comment

 Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes “¿Te vas a quedar solita?”, “¿Por qué tan solitas muchachas?”,  hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.

 La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.

 Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.

 Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

 La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.

Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.

 Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.

 La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

 Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.

 Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad. Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.

 Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.

No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene.

Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.

 En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.

La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

 Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.

Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia.

La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.

Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica–  la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir.

 Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

 Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros

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