Egipto, Túnez, Siria Tres hipótesis y tres revoluciones en marcha



Nadir Djermoune

Viento Sur, 26 de septiembre de 2013
  

En los debates argelinos, en lo que se refiere a los acontecimientos revolucionarios en Egipto, Túnez y Siria hay algo que tiene que ver más con la lógica formal que con el pensamiento dialéctico, incluso dentro de la izquierda.

Las premisas que prefiguran esta lógica son simplistas y caricaturales. Todo lo que está ocurriendo sería una gran manipulación y un complot americano con sus aliados europeos. Las victorias de los islamistas en las primeras batallas electorales en Túnez y en Egipto se presentan como una confirmación de este complot. El golpe militar que ha puesto fin al poder de los islamistas en Egipto, a pesar de la “legitimidad” adquirida a través de las elecciones, no es más que un cambio de fusible impulsado por esos mismos complotistas. Si Ennahda en Túnez se niega a abandonar el poder que reclama la oposición en nombre de la misma legitimidad, incluso si el mandato que le confirieron esas elecciones está en gran medida mermado, corresponde a las mismas premisas: los islamistas tunecinos serían un buen fusible, más apto que sus hermanos egipcios, para jugar su rol en el tablero preparado por los americanos. En fin, si ese escenario no se ha dado en Siria, es porque el poder de El-Assad, que ha demandado la protección rusa, constituye ¡el último bastión de una resistencia antiimperialista en la región!

Intentemos, de entrada, evitar el callejón sin salida (por no utilizar otro término) del complot, en el que se corre el riesgo de llegar a un atasco sombrío del tipo “¿quien mata a quien?”. Miremos los acontecimientos con la dialéctica de lo real. De todas formas, incluso si hubiera habido manipulación como en Timisoara [los muertos de esa ciudad en 1989] en Rumanía, la crisis perdura, los actores directamente concernidos intervienen y hacen necesaria la revolución. Se trata pues de dar un sentido y una orientación a las revoluciones en curso.

En segundo lugar, se plantea una doble pregunta; en primer lugar, sobre la legitimidad política en democracia y, a continuación, sobre su compañera, la violencia revolucionaria ¿Se puede reducir esta legitimidad al mecanismo electoral hasta el punto de sacralizarlo, en una especie de “No hay salvación sin pasar por las elecciones”? o, más bien, ¿se deben considerar las elecciones como una trampa para estúpidos, sólo válida para ese tipo de gente?

Las lecciones de Egipto

Para abordar esta cuestión tenemos ante nosotros la lección egipcia. A lo que hemos asistido tras el 30 de junio es a un golpe de fuerza... contra el pueblo. Cualquiera que sea el ángulo por el que se le mire, la respuesta a la cuestión del golpe de Estado no debe ser “neutral”, como la de un observador, una especie del sabio apolítico tan querido por los weberianos, al margen del conflicto. En efecto, desde el punto de vista jurídico hubo un golpe de Estado contra Morsi. Un presidente electo, aún cuando su peso electoral fuera relativo (25% de los votantes, 12,5% del electorado). Pero el juicio debe ser político, es decir relacionar siempre la apreciación y el juicio crítico que se hace con el devenir del movimiento. Porque hay movimiento. Y aquí es revolucionario.

Hubo millones (se estima que más de de 14) de manifestantes, hombres y mujeres, que pedían la salida de Morsi. La amplitud de la manifestación dejó caduco el resultado electoral, cualquiera que fuera la legitimidad estrictamente jurídica de éste. Esto se llama derecho de revocación en democracia. Es un derecho tan inalienable como el derecho a la vivienda, a la salud y a la educación.

En este caso concreto, se trata de reorganizar las elecciones. Entonces, se plantea la pregunta: ¿quién organiza esas elecciones? Un gobierno provisional salido de los revocadores. Es aquí donde los militares egipcios se han apresurado a constituirse en “gobierno provisional” en ausencia de representantes legítimos. Es ahí donde reside el golpe de Estado contra el pueblo.

Por otra parte, desde el punto de vista del transfondo político, asistimos a un fracaso patente y a una indigencia política de los islamistas. Actualmente, los sectores de la población en bancarrota social pueden desmontar el engaño de que “el islam es la solución” que subyugó a tantas masas en Argelia y otras partes. Egipto acaba de cerrar un ciclo en la representación política e ideológica de las masas en revuelta. Ciclo que ha visto a los islamistas llenar, aunque solo sea un poco, el vacío dejado por el fin del nacionalismo árabe, en particular en el caso argelino. Fruto de ello es el perfil bajo adoptado por los islamistas argelinos.

Miremos la problemática tunecina

Bajo la onda de choque egipcia emerge la reivindicación de deponer a la actual Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y al gobierno, y poner en pie una estructura gubernamental provisional para reelegir una nueva constituyente. Está la proposición de cambiar sólo el gobierno.

Además, hay un segundo debate que se refiere a la composición de ese gobierno provisional. Hay dos respuestas a esta cuestión: la que se podría definir de derecha liberal y que consiste en poner en pie un gobierno de unidad nacional y la de izquierdas (poner en pie un gobierno ndt) de salvación nacional. Pero lo importante no es el nombre, sino su composición, en particular en lo que respecta a la UGTT (Unión General Tunecina del Trabajo).

La presencia de la UGTT introduce evidentemente la cuestión económica y social en el debate sobre la transición. Algo que no desean los demócratas de la derecha liberal, y aún menos los islamistas, que se aferran formalmente a lo que consideran “su legitimidad”. El representante de Ennahda considera, en France 24, que “la UGTT debe permanecer neutral, igual que el ejército” (sic). Olvida una cosa: la UGTT es un sindicato de trabajadores. Y un sindicato no es neutral. Como lo indica su nombre, defiende los intereses de los trabajadores y trabajadoras, igual que las asociaciones de mujeres, abogados... que son aceptadas.

Pero, más allá del tema de su composición, ¿qué hará ese “gobierno provisional” una vez instalado? ¡Organizar las elecciones presidenciales y legislativas! Pero, ¿en base a qué leyes? Puesto que la antigua constitución ya no existe y la nueva tampoco, tendrá la tarea de reorganizar las elecciones para una nueva constituyente. En caso contrario no habrá servido para nada. Y los islamistas lo han comprendido. Dicho de otra forma, o bien la revolución continúa, o bien se detiene momentáneamente y acepta un consenso en torno o, al menos, con Ennahda. Esta es la cuestión a la que no se puede responder con una solución puramente teórica. La respuesta es de orden práctico: ¿Puede la UGTT impulsar una solución democrática y social? Sin embargo, el tiempo juega a favor de los islamistas que, con la fuerza de su posición adquirida, juegan la carta jurídica para imponer su constitución de aquí a... diciembre de 2013.

De aquí a esa fechas, la cuestión social y económica ganaría invitándose al debate para empujar en el sentido de una decantación política más social y menos ideológica.

La cuestión siria es más compleja

Aunque el epicentro esté en ese país, se está desarrollando una guerra de dimensiones regionales. Una guerra “fría” divide el Oriente Próximo. Por un lado, está el campo que dirigen los americanos, sus aliados europeos y sus vasallos locales (Arabia Saudita, Qatar y Turquía) y, por otro, el campo alrededor de Rusia, China e Irán en apoyo del poder sirio actual, que llevan a cabo una guerra de trincheras a las espaldas del pueblo sirio.

El nacionalismo árabe que hasta ahora constituyó el cemento ideológico de la constitución de los países de la región ha declinado. Los discursos confesionales se extienden. Incluso surgen interrogantes sobre la permanencia de esos Estados y de sus fronteras, producto del mundo a comienzos del siglo XX.

Esta situación y la lucha revolucionaria del pueblo sirio ponen de relieve lo que está en juego en una región que va en el furgón de cola de un capitalismo mundial en crisis. Así pues, el pueblo sirio aparece como el rehén de un conflicto regional con aires de “guerra mundial”.

De entrada, la cuestión que se plantea es ¿cómo construir una solidaridad consecuente con la oposición democrática y popular en un universo en el que el conflicto se juega a un nivel de guerra?

Los únicos que tienen las armas son desgraciadamente las potencias imperialistas: la oposición democrática y popular sigue desarmada y atenazada entre los americanos que ayudan al ejército “rebelde” a través de Arabia Saudita y los rusos que “protegen” al ejército del poder.

La existencia de esta oposición debe impedir tener una posición “campista” con tal o cual campo en función de la idea y de la lectura que se hace de la naturaleza del régimen y de los beligerantes. Sin embargo, a nivel popular, hay tantos sirios que apoyan al régimen como sirios que están contra.

En esta situación ¿se puede considerar como secundaria la crisis interna y limitarse a situar el problema a nivel regional, defendiendo la estabilidad de la región? Esto supondría apoyar al al régimen?

Ahora bien, la situación a nivel regional ya está desestabilizada. Ha entrado en una onda de crisis revolucionarias que a largo plazo no tiene más alternativa que una solución democrática, social y popular que no puede ignorar la situación interna de cada país. Si no, la única alternativa sería trabajar por estabilizar las dictaduras en pie en Egipto, Yemen o incluso... en Arabia Saudita. A menos que se considere a la dictadura siria como último bastión del nacionalismo y del patriotismo árabes.

Queda entonces pedir las armas al imperialismo occidental en competencia con el imperialismo ruso. Trotsky dijo sobre este tema en 1938 lo siguiente:

“Admitamos que en una colonia francesa, Argelia, surja mañana un levantamiento bajo la bandera de la independencia nacional y que el gobierno italiano, empujado por sus intereses imperialistas, se dispone a enviar armas a los rebeldes. ¿Cuál debería ser en este caso la actitud de los obreros italianos? Tomo intencionadamente el ejemplo de un levantamiento contra un imperialismo democrático y de una intervención en favor de los rebeldes por parte de un imperialismo fascista. ¿Deben los obreros italianos oponerse al envío de barcos cargados de armas para los argelinos? ¡Que algún ultraizquierdista se atreva a responder afirmativamente a esta pregunta! Todo revolucionario, en común con los obreros italianos y los rebeldes argelinos, rechazaría con indignación una respuesta así. Si incluso se desarrollara en la Italia fascista una huelga general de marinos, en este caso, los huelguistas deberían hacer una excepción en favor de los navíos que van a llevar una ayuda a los esclavos coloniales que se rebelan; en caso contrario serían unos sindicalistas lamentables y no proletarios revolucionarios” /1.

Por supuesto, esta lectura hay que situarla en su contexto histórico pero este párrafo del texto nos permite avanzar en la discusión sobre esta espinosa cuestión.

La voluntad de los americanos y sus aliados de pasar a una intervención directa y luego las vacilaciones de unos y las concesiones de otros nos aclaran sobre el equilibrio de las fuerzas imperialistas. Nos permiten tener una estimación sobre su voluntad de preservar sus intereses en la región ahogando y aplastando toda veleidad de emancipación de los pueblos, impidiendo todo cambio revolucionario regional. Efectivamente, Occidente participa en el armamento de la componente islamista del Ejército Sirio Libre (ESL), en particular en Frente de Liberación Islámico de Siria (FLIS), una buena parte de cuyas brigadas (Liwâ’ al-Islâm, Liwâ’at-Tawhîd o los Halcones de Levante) tienen una base salafista. Arabia Saudita ocupa el rol de principal abastecedor de dinero para la mayor parte de las brigadas del ESL. Esa es la realidad. No hay pues disposición de enviar armas a los rebeldes... del campo de los trabajadores. En estas condiciones, la demanda de armas al imperialismo occidental se convierte en una especie de desafío lanzado a quienes continúan creyendo en las virtudes democráticas altruistas americanas.

En estas condiciones, el llamamiento y la petición de armas de la oposición democrática y de los trabajadores sirios para protegerse es legítima. Les corresponde a ellos, en última instancia, juzgar sobre lo bien fundado de este planteamiento y de sus consecuencias para la prosecución del movimiento, incluso si los trabajadores y los pueblos del mundo entero tienen el “deber” de controlar la suerte de los demás pueblos en guerra y el deber de asistencia a un pueblo en peligro.

Los trabajadores alemanes, franceses o americanos, es decir el proletariado de los países imperialistas democráticos, pueden medir su capacidad para hacer presión sobre sus gobiernos respectivos para entregar armas y dirigirlas al buen destinatario.

En cambio, visto desde Argelia, país dominado, y teniendo en cuenta lo que el pueblo argelino ha vivido en su combate anticolonial y recientemente en su resistencia antiislamista y terrorista, demandar al imperialismo francés o americano armar a una parte del pueblo sirio es sinónimo de una alianza táctica y coyuntural con el imperialismo occidental para contrarrestar al imperialismo ruso que está armando al régimen sirio, dicho de otra forma, ¡una capitulación!

La diferencia de actitud está en la nota de Trotsky, en la continuación de su texto:

“...sin embargo, el partido revolucionario conformará su política práctica en cada país en función de la situación interna y de los alineamientos internacionales, distinguiendo estrictamente, por otra parte, un Estado obrero de un Estado burgués, un país colonial de un país imperialista. [...] la política de la lucha de clases intransigente durante la guerra, no puede [...] ser la “misma” en todos los países, igual que no puede haber una sola y única política del proletariado en tiempo de paz” /2.

En una situación de una dinámica revolucionaria regional, la emancipación del pueblo sirio pasa por los lazos y los apoyos de los pueblos de la región en lucha. Pasa por el rechazo categórico de toda intervención militar imperialista, ya sea bajo la égida de las Naciones Unidas o a iniciativa de los Estados Unidos, Francia, de Gran Bretaña u otros países.

21/09/2013

http://alencontre.org/moyenorient/egypte/trois-hypotheses-et-trois-revolutions-en-cours.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ L. Trotsky, Il faut apprendre à penser, Conseil amical à l’adresse de certains ultra-gauches, 20 mayo 1938

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