Simona V. Yagenova 2018 Disputas geoestratégicas, dominación imperial y escenarios inciertos


v  El año 2017 reveló las crecientes contradicciones y tensiones del actual sistema mundo, derivado del dominio global del capital, crisis económica y las disputas por el control de los territorios de importancia estratégica.  Rusia y China indudablemente fueron protagonistas claves para preservar cierta estabilidad en este mundo multipolar, amenazada por la pretensión imperial de viabilizar sus sueños de dominio de amplio espectro.

v  El arribo del régimen trumpista viabiliza un nuevo ciclo de saqueo y despojo oligárquicos con políticas de empobrecimiento, debilitamiento de políticas sociales y desinversión en la clase trabajadora norteamericana, que afecta especialmente a la población afrodescendiente, los migrantes, y quienes viven de sus magros ingresos salariales. Quizás ningún presidente de este país ha sido tan franco en manifestar su ignorancia, su xenofobia, su racismo, su menosprecio de las mujeres y su afinidad con la supremacía blanca y pensamiento cuasi neofascista.  Trump añade un ingrediente de riesgo para una ya inestable configuración global,  dado que al actual régimen estadounidense le importa muy poco el multilateralismo, las leyes internacionales, los derechos humanos o la opinión de la comunidad internacional. Esto no constituye, como lo plantean algunos, los fundamentos de una política de aislamiento, sino revelan el descaro y la impunidad con que el imperio ha actuado históricamente; no obstante, constituye un cambio de coyuntura global en el que se intensifican los escenarios de riesgo, polarización e inestabilidad. Trump, rodeado de generales, oligarcas y la ultraderecha, y enfrentado por el establishment demócrata por diferencias tácticas en el manejo de la política interna y externa, cumple sin embargo a cabalidad los lineamientos del complejo industrial militar que aspira a recuperar control e influencia decisivo sobre América latina y el Caribe profundizando las atávicas políticas intervencionistas y chantajistas; ampliar la caotización- destrucción de Oriente Medio centrándose ahora en la desestabilización de Irán, y enfrentar la alianza China-Rusa que en materia económica-financiera es considerado una amenaza a sus intereses geoestratégicos de dominio global. 

v  Si bien, en algunos temas la Unión Europea ha querido distanciarse de la política internacional del régimen trumpista,(Cambio climático, UNESCO, Cuba, Palestina etc.), en lo fundamental sigue subordinado a su perspectiva geoestratégica, y no constituye un contrapeso significativo. El resurgimiento de los nacionalismos, el cuestionamiento al modelo de la UE, el crecimiento de la ultraderecha y la persistencia de una crisis económica que no parece tener posibilidades de solución a corto plazo,  sin que emergiera una perspectiva distinta sobre el rol que la UE debe tener globalmente, parece indicar  pocos cambios a corto plazo en su actuación en el escenario global. Son alentadoras la emergencias de movimientos políticos como Podemos en España, Left Unity en Gran Bretaña, La Francia Insumisa, el Movimiento 5 Estrellas y Poder para el Pueblo en Italia, entre otros, que surgen en respuesta a la crisis de la socialdemocracia europea,vigorosas luchas de los movimientos sociales  y tienen la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo de renovación en el pensamiento y práctica política de la izquierda europea.

v  A pesar de importantes luchas que libraron los pueblos en el mundo entero, motivadas por una heterogénea agenda de agravios causados por el actual complejo sistema de dominación nacional-global, se constatan importantes retrocesos en materia de derechos, el deterioro de los sistemas políticos democráticos, el crecimiento de la desigualdad, la destrucción de los bienes naturales,  así como el  empobrecimiento paulatina de las nuevas generaciones emergentes, aún en los países económicamente más desarrollados. Las protestas en sus múltiples y diversas formas no tienen la  posibilidad de revertir este sistema de dominación global-nacional, si no están sustentadas en una estrategia política compleja y multi-escala que enfrenta los poderes,la base filosófica fundacional del sistema existente y construye una alternativa radicalmente distinta.

v  La ofensiva del capital contra el mundo del trabajo ha sido tan contundente que la informalización de las  relaciones de trabajo, la sobreexplotación, las migraciones masivas, la precariedad e incertidumbre han sido “ normalizadas” a tal grado que no se avizora dentro del marco del modelo existente ninguna posibilidad, ni voluntad de solución de esta problemática. El desempleo y la falta de perspectivas futuras, constituyen un terreno fértil para el reclutamiento de un creciente número de personas que trabajan para los capitales mafias, el crimen organizado, grupos mercenarios, ejércitos privados al servicio de las grandes corporaciones internacionales, o de grupos terroristas fundamentalistas o mesiánicos. Amplios territorios del mundo África, Asia, Oriente Medio, América latina viven bajo el asedio de guerras patrocinadas por el imperio o la violencia destructiva de estos grupos armados  con un dramático saldo de destrucción de vidas, millones de refugiados y desplazados y la destrucción de los tejidos  socio-culturales. El capital en la actual fase de acumulación florece en base a la depauperización de las masas, la mercantilización de la vida y bienes naturales, así como las guerras, el negocio de la violencia, y la destrucción de vidas y territorios. Constituyen parte de una misma trama sistémica.

v  Las grandes corporaciones mediáticas y sus agentes comunicacionales desplegados en el mundo entero operan con cada vez mayor descaro, declarando la guerra contra quienes critican el sistema global, al imperio o las transnacionales, censuran realidades, inventan noticias, e inmersan a millones en sus tramas de banalidad, superficialidad, o realidades paralelas. Se trata nada menos que de un tejido de carácter dictatorial que no rinde cuentas a nadie y opera sin controles, y que acciona mano a mano con las organizaciones de inteligencias y espionaje global. Ambas constituyen una amenaza sin precedentes para quienes luchan en contra del capitalismo, por la democracia, los DDHH y un orden mundial distinto.

v  En este contexto global sombrío es menester reconocer explícitamente las victorias políticas de la Revolución Bolivariana de Venezuela, que no solamente enfrentó exitosamente una trama golpista compleja, multidimensional y global; derrotó políticamente a la oposición en tres procesos electorales y desactivó a los grupos armados violentos; mantuvo la inversión social en beneficio de la clase trabajadora a pesar de la guerra económica; inició un proceso constituyente para profundizar el proceso revolucionario e involucrar a la población en el debate y las propuestas;  enfrentó con dignidad y derrotó la maniobra conspirativa-golpista de la OEA, destacó  en el escenario internacional mediante una brillante diplomacia bolivariana en el seno de la ONU, en el MNOAL, en la OPEP, en ALBA,CELAC, OEA y en las relaciones bilaterales de importancia estratégica. Venezuela, indudablemente, constituye un ejemplo a seguir, y demuestra lo que es posible cuando haya una conducción política impecable, disciplina militante, claridad estratégica y una base filosófica-política revolucionaria.

v  Hubo retrocesos significativos en el propósito de avanzar en la construcción de una Patria Grande libre, soberana, equitativa, justa y revolucionaria. Si bien Cuba, Bolivia, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Nicaragua y en menor medida Uruguay se mantuvieron como un bloque de izquierda-progresista del subcontinente, y se destaca la actuación digna de los países del Caribe en la OEA frente a los planes intervencionistas; hubo marcados retrocesos en materia de derechos humanos y derechos económicos- sociales en Brasil y Argentina, y es previsible que sucede lo mismo en Chile con la victoria electoral de Piñeiro; en tanto que  México, Guatemala, Perú, Colombia y Paraguay se subordinaron aun más a los directrices de Washington en actuaciones vergonzosas de servilismo que no se había visto en la región en tiempos recientes. El nuevo golpe de Estado, esta vez vía fraude electoral que se cometió en Honduras, sin que América Latina de manera contundente se hubiera pronunciado en contra, revela un cambio de correlación de fuerzas que benefician al intervencionismo imperial, al saqueo transnacional, constituyen una amenaza directa para los gobiernos progresistas, partidos de izquierda, movimientos sociales, y postergan los avances en la integración horizontal y solidario que se planteaba desde el ALBA o la integración más autónoma que se buscaba desde la CELAC.   

v  La legitimación del descarado fraude electoral en Honduras (una nueva versión de Autogolpe) por parte de los EEUU y la Unión Europea, acompañado del injustificado silencio de la mayoría de los países latinoamericanos significa un nuevo parteaguas para la región centroamericana. Ratifica el derecho al golpismo en contra de proyectos políticos progresistas o de izquierda, constituye una amenaza directa para Nicaragua y El Salvador, envalentona a la ultraderecha,militares y la oligarquía rancia como la guatemalteca, significa importantes retrocesos en materia de exigibilidad en derechos humanos, institucionalidad democrática y justicia, y deja claro, que para la comunidad internacional lo que sucede en esta región del mundo es de poca relevancia para sus fines estratégicos. Indudablemente, desnuda la política de los EEUU hacia la región centroamericana y evidencia su incoherencia entre su práctica y el discurso.  Debería generar profundos cuestionamientos a quienes aún creen que el imperio es un aliado para la lucha contra la corrupción, el narcotráfico y la depuración de la clase política guatemalteca, cuando en Honduras son precisamente estas fuerzas apoyados por EEUU que dieron el Golpe. Este segundo golpe de Estado profundizará aún más las fisuras en el sistema de dominación hondureño, radicalizará la oposición y enfrentará a un pueblo cada vez más politizado y harto de un sistema que es opresivo, empobrece y destruye la vida de la gente. La solidaridad de los pueblos latinoamericanos, y especialmente centroamericanos con el pueblo hondureño es más necesario que nunca, y constituye una responsabilidad política, ética y humana, individual y colectiva.

v  La pérdida de derechos siempre es una tragedia, porque el proceso de reconstitución es lento y mucho más complejo. Los retrocesos en materia de derechos, conquistados en cruentas batallas de los movimientos y fuerzas progresistas, obligan a construir un balance objetivo de los errores cometidos y redefiniciones en las estrategias de las fuerzas socio-democráticas y de izquierda.  Exige una mejor comprensión de los mecanismos de reproducción del sistema de dominación existente y el diseño de estrategias adecuadas que los enfrentan en su complejidad en los distintos ámbitos y niveles;  demanda mayor eficacia en la batalla ideológica política, requiere de la definición de una estrategia política-organizativa que permita encausar la rebeldía de nuestros pueblos hacia una nueva etapa revolucionaria, antiimperialista y socialista. En el contexto mundo actual, en la que se agrede los pueblos sin piedad, enfrentar al capital, a la política mercantilizada,al poder corporativo y al imperialismo es una responsabilidad histórica que debe impulsarse sin titubeos,pragmatismos políticos, ni fundamentalismos. Es finalmente el reto de retomar el camino de una revolución mundial.

Lo expresado por Fidel, aquel 1 de mayo del 2000 en la Plaza de la Revolución, cobra más vigencia que nunca. “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas[…].

Enero 2018

OMC: Orden Mundial Conservador


Javier Calderón Castillo 

21/12/2017

La XI cumbre ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), se realizó en Buenos Aires del 11 al 13 de diciembre, terminando con lánguidos resultados para los promotores del neoliberalismo y, en lo local, para el macrismo. Una situación creada por las propias contradicciones de los países centrales liderados por EE. UU., al exigir levantar las salvaguardias a todos los países pobres y en desarrollo, e imponer leyes de patentes y desregulaciones a favor de las transnacionales, mientras exigen una mayor protección para sus economías con subsidios y otras garantías[1].
Los delegados de los gobiernos no lograron avanzar en ningún acuerdo sobre los temas propuestos para ampliar el libre comercio, en razón a las tensiones generadas por el mal momento geoeconómico mundial[2] y por las propias condiciones estructurales de la geopolítica. Estados Unidos y la Unión Europea (UE) se encuentran en permanente disputa -contra los países periféricos- por proteger sus economías, mientras que China, India, el G77 y otros países, reclaman condiciones de igualdad -lo que los lleva a no estar dispuestos a pactar bajo las condiciones desiguales que propone la OMC[3]-. El neoliberalismo está cuestionado y en debate.
Las trabas internas de la OMC para avanzar en su propósito neoliberal no obedecen a un cambio de orientación de las instituciones económicas de la globalización (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y la misma OMC), sino que son producto de la crisis generada por la capacidad de resistencia de los países no aliados a los intereses comerciales de EE. UU., como China, además de la incapacidad de proyectos regionales soberanos para construir un marco de actuación común y favorable a sus intereses -como podría haberlo hecho la UNASUR-, y por la propia orientación proteccionista de EE. UU. y Gran Bretaña.
La cumbre fue realizada en un contexto de agresión del país anfitrión contra las voces críticas a la globalización y el libre comercio, manifiesto en el uso de la violencia estatal en contra de manifestantes y la prohibición de ingreso a líderes mundiales civiles que cuestionan los mandatos de la OMC. Todo muy parecido a lo vivido durante la III cumbre, realizada en Seattle (EE. UU.) en 1999. Esta fue reprimida con fiereza y fracasada en su agenda[4]. Al parecer, los neoliberales tienen como muleta las balas de goma y los gases lacrimógenos.
   I.  Rebelión en la periferia
El doble discurso de los EE. UU. con respecto al libre comercio (que los demás países liberen sus fronteras, pero ellos no las propias) se enfrenta a la creciente capacidad de China, India, Sudáfrica y Rusia para negociar aspectos comerciales que trascienden el debate de las salvaguardias aduaneras, poniendo como centro el tema del desarrollo de fuerzas productivas y el desarrollo científico-técnico, sin supeditación a patentes o fiscalizaciones de las autoridades estadounidenses o europeas. Los EE. UU. critican a China porque maneja cerca del 17,8 % de las exportaciones mundiales de mercancías[5], que, al ponerse en circulación a escala planetaria, desafían su hegemonía sobre el mercado, tanto en las instituciones neoliberales transnacionales, como en la propia economía estadounidense.
El representante comercial de EE. UU., Robert Lightlizer, habló en la cumbre corroborando el giro proteccionista del gobierno de Trump y apuntando a posicionar como objetivo principal la disputa contra China, incitando a sus aliados a conformar un bloque frente al gigante asiático. Algunos especialistas señalan que la decisión de Estados Unidos obedece a la intención de retirarse del ámbito de negociación de la OMC, lo que le permitiría seguir tratando los temas comerciales de forma bilateral con Tratados de Libre Comercio-TLC, de los que puede obtener mayores ventajas[6], como ha quedado demostrado a través del TLC con Colombia y el TLCAN, donde Colombia y México se encuentran en clara desventaja ante EE. UU., tanto por el desigual poder de injerencia y lobby como por la complacencia de los negociadores de esos países latinoamericanos, quienes han dado vía libre a las pretensiones desiguales de los norteamericanos[7].
El gobierno de Macri, anfitrión de la cumbre, decidió no dejar entrar al país y deportar a expertos representantes de 43 ONG internacionales, que trabajan por el comercio justo y son críticos de la OMC[8]. Un hecho bochornoso que demostró el déficit democrático para abrir la discusión amplia con diversos sectores de la sociedad global sobre un tema tan crucial como éste[9]. A la vez, el gobierno argentino promovió, muy a su estilo, un foro de empresarios del B20 (una agrupación de empresarios de los países del G20) donde el delegado del mayor grupo económico de la Argentina, Paolo Rocca del grupo Techint, apoyó la tesis de los EE. UU. en contra de China, al advertir que es imposible seguir tolerando la “desigual” competencia de las empresas chinas que cuentan con el respaldo del Estado o son estatales[10]. En cambio, el empresario guardó silencio sobre la decisión de los Estados Unidos de imponer sendos aranceles al Biodiesel argentino y con ello negar su entrada al comercio norteamericano.
Los EE. UU. tampoco lograron imponer el tema del comercio electrónico, aunque se hicieron acompañar de las grandes empresas transnacionales del sector (Google, Amazon, Alibaba, eBay, etc.), para intentar incluir en las negociaciones de la Cumbre el tema de la desregulación del e-commerce. Si bien no lograron poner en negociación el tema, contaron con el apoyo de cuarenta países entre los 169 miembros, dejando abierto e instalado el tema para próximas rondas de negociación. Este asunto es de suma importancia, pues va mucho más allá de la desregulación de la compra-venta en páginas electrónicas. Repercute en el manejo de todo el sistema financiero y económico (en mayor medida electrónico), en las desregulaciones sobre seguridad informática, transacciones bancarias, desarrollos y patentes de software. En la línea anti-China, estas corporaciones del e-commerce y los países que respaldaron a EE. UU. empezaron por atacar las regulaciones del comercio electrónico en países soberanos[11]. No pudieron avanzar más, pero es un tema que se debe sumar a las preocupaciones futuras en el debate de la soberanía y la construcción de economías alternativas.
   II.  Neoliberalismo reciclado
América Latina asistió a esa Cumbre Ministerial desunida. Aunque en las pasadas conferencias los intereses de la región no coincidían del todo[12], se dieron acciones con un mayor protagonismo e iniciativa para tratar temas de vital importancia para la región, como los del sector agrícola, la solicitud – ante los EE.UU y la UE – de suprimir los aranceles a productos agrícolas del Mercosur o apoyando la posición del G77 liderado por Venezuela, Bolivia y Cuba destinada a garantizar la soberanía alimentaria con protecciones aranceladas donde sea necesario[13].
El presidente argentino Mauricio Macri, aprovechando su condición de anfitrión, trató de generar un espectáculo que sirviera de galería para las medidas de ajuste económico adelantadas en la política interna, enviando un mensaje muy localista, anotando que su país “llega tarde” a la inserción al mundo globalizado, con una defensa a ultranza del libre comercio y pidiendo ayuda externa para imponer su modelo[14].  Un mensaje que se diluyó con el discurso norteamericano en contra de los sistemas de resolución de diferencias de la OMC, con el cual Macri pretendía acudir para exigir el levantamiento de los aranceles impuestos al biodiesel argentino por parte del gobierno de Trump[15].
De igual manera, las negociaciones del TLC del Mercosur con la Unión Europea no se concluyeron, como lo pretendían Temer y Macri, postergándose para el 2018[16]. Sin embargo -por la flexibilidad de ambos bloques en la negociación política y técnica en materia arancelaria- es muy probable que lleguen a un acuerdo en el primer semestre, que desgravaría en un 90 % los aranceles a productos europeos y obligaría a los productores del cono sur a ajustarse a las marcas de origen y patentes[17]. Estos son temas sensibles para la región, porque como lo demuestran los tratados firmados por algunos países con la UE y EE. UU., las condiciones técnicas y políticas de las clausulas de los TLC benefician las exigencias de los europeos o los norteamericanos[18], mientras, a cambio, ellos sólo ofrecen expectativas para ingresar a sus mercados, manteniendo los subsidios a sus productos y condiciones favorables para sus empresas. Tienen controladas las patentes y marcas de origen de muchos productos y rubros como la leche, los vinos, los medicamentos, entre otros, que frustrarán a muchos productores ilusionados con la posibilidad de exportar, pero que no prevén las restricciones generadas por las exigentes condiciones de los acuerdos. El debate está abierto y, ya que comienza el período electoral en Brasil y en Paraguay y en Argentina se expresa una importante resistencia al ajuste y a la apertura desigual de los mercados, aún existen márgenes para que los defensores de la producción nacional disputen sobre sus puntos de vista en el TLC.
   III.  Algunas conclusiones
Más allá de las disputas en la OMC, el modelo de neoliberalismo impulsado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años 80, ya no es el paradigma de los países del norte. EE. UU. con sus ataques a la OMC, intenta cambiar las reglas que promueven la liberalización arancelaria y el debate multilateral, inclinándose por  generar TLC bilaterales y negociaciones espurias -de imposiciones comerciales inaceptables- con los países periféricos, al tiempo de respaldar desde el Estado la producción nacional made in USA, acompañados por sus socios conservadores británicos, en cabeza de Theresa May, derivados en proteccionistas a partir del proceso de ruptura (brexit) con la Unión Europea.
A contramano de esos cambios, algunos líderes neoconservadores latinoamericanos, como Mauricio Macri o Michael Temer, ostentan un neoliberalismo reciclado, sin las renovaciones anunciadas por las campañas electorales, que muy bien maquilla el marketing político y los medios hegemónicos. El dúo está proponiendo más de lo mismo, con aperturas económicas en condiciones desfavorables para la producción nacional, que tendrán repercusiones laborales, distributivas y culturales. Ya empezaron con las reformas previsionales y las reformas laborales.
Las trabas en las discusiones de la OMC no significan el fin del capitalismo, ni un paso atrás de las poderosas transnacionales, aunque si representan una crisis del modelo neoliberal, que puede convertirse en posibilidad para aquellos sectores de la sociedad mundial que pretenden salir de los estrechos márgenes del libre comercio, porque los temas agrícolas-alimentarios, las disputas por las patentes -especialmente de medicamentos-, sobre la producción industrial soberana y la desregulación de servicios médicos y educativos, siguen siendo fundamentales para las sociedades, y por ello son parte de la agenda política mundial en disputa.
Se suma a esa agenda de discusión, el tema del comercio electrónico, que promete ser la batalla de batallas por el control de mercados, por los software y las monedas digitales, una problemática que debe estar en la retina de investigadores, estados y organizaciones, para un análisis profundo, sin esperar a que los desreguladores de Google, Amazon, Alibaba y e-Bay, avancen en el control mundial del comercio electrónico, porque el neoliberalismo en los centros de poder mundial se está repensando en esos ámbitos, aunque los neoliberales criollos reciclen la pesada herencia de los 80.
Las represión del estado argentino contra los manifestantes pacíficos que participaron en la contra-cumbre en la Universidad de Buenos Aires y contra de los expertos internacionales de las ONG, a quienes se les negó la entrada al país, son la muestra de la sinergia entre el poder y la violencia, que es la forma de acumulación de riquezas del modelo imperante[19]. No es casualidad el uso de la fuerza desmedida, es la forma de gobernar de las democracias restringidas, propia de los conservadores, nuevos y viejos.
Notas:
[12] El Mercosur siempre tuvo una posición distinta a los demás países de la UNASUR, los países promotores de la Alianza del Pacífico estaban en otras esquinas de la negociación y nunca hubo un bloque CELAC.

Michael Roberts Forecast for 2018: the trend and the cycles



What will happen to the world economy in 2018?  The global capitalist economy rises and falls in cycles, ie a slump in production, investment and employment comes along every 8-10 years.  In my view, these cycles are fundamentally driven by changes in the rate of profit on the accumulated capital invested in the major advanced capitalist economies.  The cycle of profitability is longer than the 8-10 year ‘business cycle’. There is an upwave in profitability that can last for about 16-18 years and this is followed by a downwave of a similar length.  At least this is the case for the US capitalist economy – the length of the profitability cycle will vary from country to country.
Alongside this profitability cycle, there is a shorter cycle of about 4-6 years called the Kitchin cycle.  And there also appears to be a longer cycle (commonly called the Kondratiev cycle) based on clusters of innovation and global commodity prices.  This cycle can be as long as 54-72 years.  The business cycle is affected by the direction of the profit cycle, the Kitchin cycle and and K-cycle and by specific national factors.
The drivers behind these different cycles are explained in my book, The Long Depression.  There I argued that when the downwaves of all these cycles coincide, world capitalism experiences a deep depression that it finds difficult to get out of.  In such a depression, it may require several slumps and even wars to end it.  There have been three such depressions since capitalism became the dominant mode of production globally (1873-97; 1929-1946; and 2008 to now).  The bottom of the current depression ought to be around 2018.  That should be the time of yet another slump necessary in order to restore profitability globally.  That has been my forecast or prediction etc for some time.  Anwar Shaikh in his book, Capitalism, takes a similar view.
This time last year, in my forecast for 2017, I said that 2017 will not deliver faster growth, contrary to the expectations of the optimists.  Indeed, by the second half of next year, we can probably expect a sharp downturn in the major economies …far from a new boom for capitalism, the risk of a new slump will increase in 2017.”
Well, as we come to the end of 2017 and go into 2018, that prediction about global growth proved to be wrong. Global real GDP growth picked up in 2017 – indeed, for the first time since the end of the Great Recession in 2009, virtually all the major economies increased their real GDP.  The IMF in its last economic outlook put it like this: 2017 is ending on a high note, with GDP continuing to accelerate over much of the world in the broadest cyclical upswing since the start of the decade.”
The OECD’s economists also reckon that “The global economy is now growing at its fastest pace since 2010, with the upturn becoming increasingly synchronised across countries. This long-awaited lift to global growth, supported by policy stimulus, is being accompanied by solid employment gains, a moderate upturn in investment and a pick-up in trade growth.”
Alongside the (still modest) recovery in global growth, investment and employment in the major economies in 2017, financial asset markets have had a great year.
The IMF again: “Equity valuations have continued their ascent and are near record highs, as central banks have maintained accommodative monetary policy settings amid weak inflation. This is part of a broader trend across global financial markets, where low interest rates, an improved economic outlook, and increased risk appetite boosted asset prices and suppressed volatility.”
So all looks set great for the world economy in 2018, confounding my forecast of a slump.
But it is sometimes the case that when all looks rosy, a storm cloud can appear very quickly – as in 2007.  First, it is worth remembering that, while world economic growth is accelerating a bit, the OECD reckons that “on a per capita basis, growth will fall short of pre-crisis norms in the majority of OECD and non-OECD economies.” So the world economy is still not yet out of the Long Depression that started in 2009.
Indeed, as the OECD economists put it: “Whilst the near-term cyclical improvement is welcome, it remains modest compared with the standards of past recoveries. Moreover, the prospects for continuing the global growth up-tick through 2019 and securing the foundations for higher potential output and more resilient and inclusive growth do not yet appear to be in place. The lingering effects of prolonged sub-par growth after the financial crisis are still present in investment, trade, productivity and wage developments. Some improvement is projected in 2018 and 2019, with firms making new investments to upgrade their capital stock, but this will not suffice to fully offset past shortfalls, and thus productivity gains will remain limited.”
The IMF’s economists make the same point.  The latest IMF projection for world economic growth is for 3.7% global GDP growth over the 2017-18 period, an acceleration of 0.4 percentage points from the anaemic 3.3% pace of the past two years.  But this is still less than the post-1965 trend of 3.8% growth and the expected gains over 2017-2018 follow an exceptionally weak recovery in the aftermath of the Great Recession.
The OECD also thinks that much of the recent pick-up is fictitious, being centred on financial assets and property. “Financial risks are also rising in advanced economies, with the extended period of low interest rates encouraging greater risk-taking and further increases in asset valuations, including in housing markets. Productive investments that would generate the wherewithal to repay the associated financial obligations (as well as make good on other commitments to citizens) appear insufficient.” Indeed, on average, investment spending in 2018-19 is projected to be around 15% below the level required to ensure the productive net capital stock rises at the same average annual pace as over 1990-2007.
The OECD concludes that, while global economic growth will be faster in the coming year, this will be the peak rate for growth.  After that, world economic growth will fade and stay well below the pre-Great Recession average.  That’s because global productivity growth (output per person employed) remains low and the growth in employment is set to peak.
Former chief economist of Morgan Stanley, the American investment bank, Stephen Roach remains sceptical that the low growth environment since the end of the Great Recession is now over and the capitalist economy is set for fair winds.  Such growth as the major economies have seen has been based on very low interest rates for borrowing and rising debt in the corporate and household sectors.  “Real economies have been artificially propped up by these distorted asset prices, and glacial normalization will only prolong this dependency. Yet when central banks’ balance sheets finally start to shrink, asset-dependent economies will once again be in peril. And the risks are likely to be far more serious today than a decade ago, owing not only to the overhang of swollen central bank balance sheets, but also to the overvaluation of assets.”
Stock markets are hugely ‘overvalued’, at least according to history.  The cyclically adjusted price-earnings (CAPE) ratio of 31.3 is currently about 15% higher than it was in mid-2007, on the brink of the subprime crisis. In fact, the CAPE ratio has been higher than it is today only twice in its 135-plus year history – in 1929 and in 2000. “Those are not comforting precedents” (Roach).   One measure of the price of financial assets compared to real assets is the stock market capitalisation compared to GDP (in the US).  It has only been higher just before the dot.com bust of 2000.
And I don’t need to tell readers of this blog that any economic recovery for world capitalism since 2009 has not been shared ‘fairly’.  There has been a host of data to show that the bulk of increase in incomes and wealth has gone to top 1% of income and wealth holders, while real wages from work for the vast majority in the advanced capitalist economies have stagnated or even fallen.
The main reason for this growing inequality has been that the top 1% own nearly all the financial assets (stocks, bonds and property) and the price of these assets have rocketed.  Corporations, particularly in the US, have used any rise in profits mainly to buy back their own shares (boosting their price) or pay out increased  dividends to shareholders.  And these are mainly the top 1%.
Companies in the S&P 500 Index bought $3.5 trillion of their own stock between 2010 and 2016, almost 50% more than in the previous expansion.
There are two things that put a question mark on the delivery of faster growth for most capitalist economies in 2018 and raise the possibility of the opposite.  The first is profitability and profits – for me, the key indicators of the ‘health’ of the capitalist economy, based as it is on investing and producing for profit not need.
In this context, let’s start with the US economy, which is still the largest capitalist economy both in total value, investment and financial flows – and so is still the talisman for the world economy.  As I showed in 2017, the overall profitability of US capital fell in 2016, making two successive years from a post-Great Recession in 2014.  Indeed, profitability is still below the pre-crisis peaks (depending on how you measure it) of 1997 and 2006.
As far as I can tell, in 2017, profitability flattened out at best – and still well down from 2014.
The total or mass of profits in the US corporate sector (that’s not profitability, which is measured as profits divided by the stock of capital invested) has recovered from the depths of the Great Recession in 2009.  But the mass of profit slipped back sharply in 2015 (along with profitability, as we have seen above). This fall stopped in mid-2016.  The fall seemed to coincide with the collapse in oil prices and the profits of the energy companies in particular.  But the oil price stabilised in mid-2016 and so did profits (although profitability continued to fall).  Profits rose again in 2017, but, after stripping out the mainly fictitious profits of the financial sector, the mass of profit is still well below the peak of end-2014 (red line below).
As I have shown in other places when profits fall back, so will investment within a year or so.  On the basis of the data for the US, 2017 produced flat profitability and a very small recovery in profits.  That suggests that, at best, investment in productive capacity will grow very little in 2018, especially as much of these profits are going into unproductive assets, property and financial.
What about the rest of the world?  Well, it is clear that the European capitalist economies (with the exception of post-Brexit Britain) have recovered in 2017.  Real GDP growth has picked up, led by Germany and northern Europe, although it is still below the growth rate in the US.  Japan too has recorded a modest recovery.
When we look at the mass of global corporate profits (using my own measure), there has been a modest recovery in 2017 after the fall in 2015-6.  But remember my measure includes China, where profits in the state enterprises rose dramatically in 2016-7.
On balance, if profits and profitability are good indicators of what is to come in 2018, they suggest much the same as 2017 at best – but probably not provoking a slump in investment.
The other question mark against the overwhelming optimism that 2018 is going to be a great year for global capitalism is debt.  As many agencies have recorded and I have shown in this blog during 2017, global debt, particularly private sector (corporate and household) debt has continued to rise to new records.
The IMF comments “Private sector debt service burdens have increased in several major economies as leverage has risen, despite declining borrowing costs. Debt servicing pressure could mount further if leverage continues to grow and could lead to greater credit risk in the financial system.”
Among G20 economies, total nonfinancial sector debt (borrowing by governments, nonfinancial companies, and households from both banks and bond markets) has risen to more than $135 trillion, or about 235% of aggregate GDP.  In the G20 advanced economies, the debt-to-GDP ratio has grown steadily over the past decade and now amounts to more than 260% of GDP.
The IMF sums up the risk.  “A continuing build-up in debt loads and overstretched asset valuations could have global economic repercussions. … a repricing of risks could lead to a rise in credit spreads and a fall in capital market and housing prices, derailing the economic recovery and undermining financial stability.”
The IMF economists do not see this risk of a new debt bust happening until 2020.  They may be right.  But the policy of low interest rates and huge injections of credit by the main central banks is now over.  The US Federal Reserve is now hiking its policy interest rate and has stopped buying bonds.  The European Central Bank will end its buying in this coming year; the Bank of England has already stopped.  Only the Bank of Japan plans more bond purchases through 2018.  The cost of borrowing is set to rise while the availability of credit will fall.  If profitability continues to fall in 2018, this is a recipe for investment collapse, not expansion.  This would especially hit the corporate sector of the so-called emerging economies.
Even if the major capitalist economies avoid a slump in 2018, nothing else has much changed.  Economic growth in the major economies remains low compared to before the Great Recession, even if it picks up in 2018.  And the prospect for the medium term is poor indeed.  Productivity (output per person working) growth is very low everywhere and employment growth from here will be muted.  So the potential long-term growth rate of the major economies will slow from any peak achieved in 2018.  After very low growth in 2016 of only 1.4%, the IMF predicts G7 growth in 2018 of 1.9% – a moderate but real upturn. However, G7 growth is then predicted to fall to 1.6% in 2019 and to a poor 1.5% in 2020-2022.
Thus the upturn in 2017-2018 seems cyclical and will not be consolidated into a new longer sustained ‘boom’.  That’s because, if there is no slump to devalue capital (productive and fictitious) and thus revive profitability, then investment and productivity growth will stay stuck in depression. Overall growth in the G7 economies since the Great Recession has been slower than during the ‘Great Depression’ of the 1930s.  Indeed, based on IMF projections, by 2022, that is 15 years after 2007, total GDP growth in the G7 economies will only be 20% compared to 62% in the 15 years after 1929.  And that assumes no major economic slump in the next five years.
Nevertheless, despite weak profitability and high debt, the modest recovery in profits in 2017 suggests that the major capitalist economies will avoid a new slump in production and investment in 2018, confounding my prediction.
Now when you are proved wrong (even if only in timing), it is necessary to go back and reconsider your arguments and evidence and revise them as necessary.  Now I don’t think I need to revise my fundamentals, based as they are on Marx’s laws of profitability as the underlying cause of crises. Profits in the major economies have risen in the last two years and so investment has improved accordingly (to Marx’s law).  Only when profitability starts falling consistently and takes profits down with it, will investment also fall.  Until that happens, the impact on the capitalist sector of the rising costs of servicing very high debt levels can be managed, for most.
What seems to have happened is that there has been a short-term cyclical recovery from mid-2016, after a near global recession from the end of 2014-mid 2016.  If the trough of this Kitchin cycle was in mid-2016, the peak should be in 2018, with a swing down again after that.  We shall see.